Choque de resiliencia: agendas de recuperación en conflicto después de los huracanes puertorriqueños


Choque de resiliencia: agendas de recuperación en conflicto después de los huracanes puertorriqueños

De Omar Pérez Figueroa y Bolívar Aponte Rolón
Translated by the Translation Collective

Volume 23, number 1, Science Under Occupation

Versión en ingles

Artwork by Ricardo Levins Morales

La resiliencia y la economía global

La economía mundial le ha dado la espalda al Sur global. Fuerzas neoliberales (es decir, las corporaciones multinacionales y los gobiernos que las apoyan) no tan solo han expropiado sus recursos naturales y capital humano, sino que también han dominado sus esfuerzos de resistencia contra dicha expropiación a través de su mensaje ideológico, que propone que la sociedad sea moldeada por el libre mercado.1 Esta idea permea en la política, la educación y la cultura, así como diversos ámbitos profesionales como la mitigación de los efectos de desastres naturales. Este último ámbito está fundamentado en gran medida por el concepto de “resiliencia”, cuya definición aún no tiene consenso real.

A menudo, la palabra “resiliencia” se utiliza para describir la capacidad que tienen las comunidades para sobrellevar eventos extremos, tales como guerras, huracanes, terremotos o cualquier desastre fuera de su control. El concepto fue inventado por ecologistas en la década de 1970, pero no apareció en los círculos de gestión de desastres y reducción de riesgos hasta la ‘Cumbre mundial de desarrollo sostenible’ en Johannesburgo (Sudáfrica) en 2002.  La ‘Estrategia internacional para la reducción de los desastres’ de las Naciones Unidas (ONU/EIRD) definió entonces este concepto como la capacidad de una comunidad de disminuir su vulnerabilidad a eventos extremos y de responder creativamente a cambios económicos, sociales y ambientales de manera sostenible a largo plazo.2

Si bien el concepto puede ser útil para describir cómo distintas sociedades enfrentan eventos extremos, la resiliencia también se puede utilizar para justificar y reforzar el status quo en el contexto de una agenda neoliberal, como ocurrió tras los huracanes de 2017 en Puerto Rico. Al apoderarse del discurso sobre la resiliencia para responsabilizar a sus ciudadanos de su propia supervivencia y recuperación, los gobiernos de los Estados Unidos y Puerto Rico, junto con los medios corporativos, han impulsado una agenda que transforma el rol del Estado a ser promotor de autosuficiencia en vez de ser proveedor de bienes y servicios.3 Este cambio es particularmente problemático para aquellas comunidades que carecen de los recursos y el  conocimiento técnico necesario para mitigar sus vulnerabilidades a condiciones climáticas extremas.

En Puerto Rico, la apropiación del discurso de resiliencia por parte del gobierno local ha sido  un arma de doble filo. Por un lado, utilizar este lenguaje reconoce la perseverancia y la fuerza que las comunidades locales han demostrado al superar circunstancias adversas. Pero por otro lado, este discurso permite que el estado se apoye sobre los esfuerzos de los individuos para mejorar las comunidades. Así, el gobierno evita la responsabilidad que tiene de ayudar a víctimas de desastres naturales. Sin embargo, es precisamente debido a la de desigualdad económica y la concentración de poder político (que permite el gobierno al preservar el sistema colonial) que estos eventos llegan a convertirse en verdaderos “desastres”. La desigualdad económica en Puerto Rico es característica en comunidades marginadas en el Sur global, donde éstas a menudo operan y sobreviven en ausencia parcial o total de servicios gubernamentales.4

La resiliencia como constructo social: ¿Están en desacuerdo la biología y las “ciencias sociales”?

La resiliencia puede ser y ha sido interpretada de diversas maneras, pero una de las definiciones más comunes proviene de las ciencias biológicas.5 En ecología, por ejemplo, la resiliencia se define como la capacidad de un sistema de volver a un estado anterior estable después de una perturbación.6 Este concepto se ha aplicado para explicar la capacidad de recuperación de las comunidades marginadas y las organizaciones de base tras un acontecimiento catastrófico, ya seade origen natural o político. Este uso es problemático porque supone como punto de partida que los sistemas o las condiciones sociales actuales son “estables” y, por lo tanto, óptimas o deseables.7 Aunque en ciertos casos esta presunción puede tener alguna certeza cuando las condiciones previas a la catástrofe benefician a la mayoría, en otros casos el cambio es necesario por el bien común. Puerto Rico representa uno de estos casos.

Desde el 1989, Puerto Rico ha sido colonia de los Estados Unidos, situación que ha llevado al archipiélago a enfrentar incontables injusticias y que sentó las bases para las desastrosas repercusiones de los huracanes Irma y María en el 2017.

De las injusticias que han salido de la situación colonial, dos en particular jugaron un rol crítico después de los huracanes. La primera es la Ley Jones, aprobada en el 1920 por el Senado estadounidense. La ley limita el transporte marítimo de bienes a Puerto Rico exclusivamente a barcos que provienen de puertos en los Estados Unidos continentales. Esto eleva considerablemente los precios de toda mercancía importada, incluyendo los alimentos. Después de los huracanes, la ley Jones agravó la escasez de comida al hacer más difícil y más caro encontrar alimentos.

Más recientemente, en el 2016, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico (PROMESA), que tiene como objetivo reestructurar la enorme deuda de la isla. Esta ley estableció una Junta de Supervisión Fiscal que luego cerró escuelas públicas y servicios comunitarios vitales, redujo las pensiones de los empleados públicos y permitió que las carreteras, los puertos y la red de energía cayeran en deterioro. Nada de esto representa un ‘estado estable’ al que los puertorriqueños quieran regresar.

Dos visiones de la resiliencia

Dos ideas distintas de resiliencia están conflicto en Puerto Rico. Por un lado, existen comunidades como las Carolinas en Caguas o Mariana en Humacao y grupos de base como los Centros de Ayuda Mutua (CAM) que definen la resiliencia frente a los eventos catastróficos naturales mediante la autosuficiencia, por ejemplo creando sus propia redes eléctricas o cultivando sus propios alimentos.8

La Oficina Central de Recuperación, Reconstrucción y Resiliencia del gobierno local, que está a cargo de la recuperación de Puerto Rico tras el huracán María, promueve otra definición de la resiliencia.9 Su documento oficial titulado “Transformación e innovación tras la devastación: Un plan de recuperación económica y de desastres para Puerto Rico” afirma que la isla necesita “comunidades más resilientes”, pero se enfoca en hacerlo principalmente a través en la inversión financiera. Esto ignora las condiciones que desde un principio han puesto en peligro a estas mismas comunidades. Se supone que la inversión “pondrá en marcha” a la economía y que las comunidades en más peligro verán los beneficios a través teorías basadas en la ‘economía de goteo’. Quizás aún más importantemente, el documento ignora el rol del colonialismo estadounidense como fuente de los problemas de Puerto Rico, problemas que remontan a mucho antes de los huracanes.

Resiliencia de la comunidad a través de los comedores sociales y sistemas de agua locales

Tras los huracanes de 2017, muchas comunidades puertorriqueñas se vieron obligadas a defenderse por sí mismas durante semanas antes de que llegara cualquier ayuda gubernamental.10 Los modelos alternativos que adoptaron por necesidad apuntan a la posibilidad de un futuro sostenible y justo para todos los puertorriqueños.

Antes del huracán María, un gran porcentaje de puertorriqueños ya enfrentaba inseguridad alimentaria a diario.11 Giovanni Roberto, uno de los fundadores de una red de comedores sociales, reconoció este problema y creó una iniciativa para alimentar a los necesitados mediante la producción y distribución autogestionada de alimentos locales. Este proyecto se convirtió en el salvavidas de muchos puertorriqueños después del huracán María, y para algunas personas proveyó el primer plato de comida caliente luego de la tormenta. Al comprarle a productores locales, los Comedores Sociales de Puerto Rico promueven un modelo de alimentación alternativo que reduce la dependencia de productos importados — causa fundamental de la inseguridad alimentaria y la escasez de alimentos después del huracán María. Las decisiones sobre qué cocinar y a qué comunidades dirigirse se toman de forma horizontal, reflejando una forma alternativa de organización colectiva.

Otros ejemplos importantes de la creación de resistencia autogestionada se encuentran en las comunidades “no AAA”, es decir, aquellas comunidades que no están conectadas al sistema principal de infraestructura de agua de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados de Puerto Rico (AAA). Estas comunidades han creado su propia infraestructura de abastecimiento de agua, incluidos los procesos de tratamiento primario y, en algunos casos, secundario.12  Según algunos algunas estimaciones conservadoras, estas comunidades tienen más de 100.000 usuarios activos.13  Los funcionarios locales a veces pintan a estos sistemas como primitivos, ineficaces e inseguros a pesar de que existen desde la década de los ‘80 y, luego del huracán, se hicieron más visibles al ser una fuente agua más segura y sostenible que aquella de la infraestructura paralizada de la AAA.14, 15

La recuperación fallida

Dos años después del huracán María, miles de personas siguen viviendo bajo los toldos azules de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), con acceso intermitente al agua y a la electricidad, y con movilidad limitada debido a los daños en las carreteras.16 FEMA denegó alrededor del 62% de las solicitudes de ayuda después del huracán, incluyendo el 80% de las peticiones de ayuda económica, bajo el pretexto de que los solicitantes no poseían títulos de tierra.17 Sin embargo, esta política ignora la realidad colonial de Puerto Rico.18 Históricamente, los títulos de tierra pertenecían a los dueños de las fincas de caña y/o de fábricas, y estos le cedían una porción de sus tierras a sus obreros para vivir. Con el paso del tiempo, sus  descendientes han seguido viviendo en estas tierras, sin adquirir nunca formalmente los títulos de propiedad.19 Las rígidas e ignorantes políticas de FEMA afectan de manera desproporcionada a las comunidades más pobres y marginadas.

Empujando la resiliencia hacia adelante

Mediante proyectos de “resiliencia” comunitaria, la población de Puerto Rico se resiste a perpetuar el sistema que existía antes de los huracanes de 2017.20 Los terremotos de enero de 2020 mostraron de nuevo cómo los primeros en actuar y ayudar a los más necesitados son las mismas comunidades locales y las organizaciones no gubernamentales. Incluso en condiciones de inseguridad, caravanas organizadas por esfuerzos individuales llevaron ayuda a comunidades a las cuales el mismo gobierno local no llegó. Una vez más, el gobierno enfatizó  la responsabilidad de la población de autogestionar su recuperación. Wanda Vázquez, la actual gobernadora, hasta llegó a sugerir que el pueblo se ocupase de llenar una mochila con suministros de emergencia.21 Todo esto mientras, en las semanas después del terremoto, residentes de la ciudad de Ponce encontraron almacenes llenos de suministros que se suponía que se hubiesen distribuido después del huracán María y que nunca le llegaron a los necesitados. Además, el 95% de todas las escuelas públicas, que sirven como refugios de emergencia, no se encontraban en condiciones para soportar otro terremoto.22

Los modelos alternativos ejemplificados por los Comedores Sociales y las comunidades ‘no-AAA’ ilustran el potencial que tienen las mismas comunidades para crear las condiciones prósperas y un nuevo modelo para la sociedad.  Estas iniciativas serán clave a medida de que la crisis climática haga aún más frecuentes los eventos climáticos extremos. Las comunidades afectadas por estos eventos deben poder asumir el poder para crear sus propias estrategias para sobrellevarlos. Estas comunidades no sólo quieren un “pedazo del pastel”, sino que quieren crear un “nuevo pastel”, una nueva realidad en la que podrán prosperar y formar parte de la creación de una sociedad justa.

References

  1. Anthony McKeown and John Glenn, “The Rise of Resilience after the Financial Crises: A Case of Neoliberalism Rebooted?,” Review of International Studies 44, no. 2 (2018): 193–214.
  2. C.S. Holling, “Resilience and Stability of Ecological Systems,” Annual Review of Ecology and Systematics 4 (1973): 1–23; Inter-Agency Secretariat of the ISDR, Living with Risk: A Global Review of Disaster Reduction Initiatives, 1 (New York: UN, 2004).
  3. Greg Allen, “To Build Resilience, Puerto Rico Communities Embrace Grassroots Partnerships,” National Public Radio, July 6, 2019; Sarah Vorpahl, “Rebuilding a Resilient Future for Puerto Rico after Hurricane Maria,” MRS Bulletin 44, no. 1 (2019): 16–18; Mercy Corps, “Quick Facts: Hurricane Maria’s Effect on Puerto Rico,” 2020.
  4. Kevin Grove, “Hidden Transcripts of Resilience: Power and Politics in Jamaican Disaster Management,” Resilience 1, no. 3 (Taylor & Francis, 2013).
  5. Suniya S. Luthar, Dante Cicchetti, and Bronwyn Becker, “The Construct of Resilience: A Critical Evaluation and Guidelines for Future Work,” Child Development 71, no. 3 (2000): 543–62; Simin Davoudi et al., “Resilience: A Bridging Concept or a Dead End?,” Planning Theory and Practice 13, no. 2 (2012): 299–333; D E Alexander, “Resilience and Disaster Risk Reduction: An Etymological Journey,” Nat. Hazards Earth Syst. Sci. 13, no. 11 (November 5, 2013): 2707–16; Daniel P. Aldrich, Building Resilience: Social Capital in Post-Disaster Recovery (Chicago: The University of Chicago Press, 2012); Grove, “Hidden Transcripts of Resilience.”
  6. Peggy Tsai, ed., Launching a National Conversation on Disaster Resilience in America: Workshop Summary (Washington, DC: The National Academies Press, 2013); Lance H. Gunderson, “Ecological Resilience—In Theory and Application,” Annual Review of Ecology and Systematics 31, no. 1 (November 1, 2000): 425–39; Holling, “Resilience and Stability of Ecological Systems.”
  7. Aldrich, Building Resilience: Social Capital in Post-Disaster Recovery; Grove, “Hidden Transcripts of Resilience”; Alexander, “Resilience and Disaster Risk Reduction.”
  8. Greg Allen and Marisa Peñolaza, “‘I Don’t Feel Safe’: Puerto Rico Preps For Next Storm Without Enough Government Help,” National Public Radio, July 3, 2019; Molly Crabapple, “Puerto Rico’s DIY Disaster Relief,” Mutual Aid Disaster Relief, 2017.
  9. Reconstruction and Resiliency Central Office for Recovery, “Transformation and Innovation in the Wake of Devastation an Economic and Disaster Recovery Plan for Puerto Rico,” 2018.
  10. Karen Pinchin, “How Hurricane Maria Fueled Puerto Rico’s Resistance,” PBS Frontline, August 2, 2019.
  11. Giovanni Roberto, “Solidarity, Education and Action! Comedores Sociales: An Emerging Movement in Puerto Rico,” Why Hunger, 2019.
  12. Javier A. Arce-Nazario, “Resilience and Community Pride After a Hurricane: Counter-Narratives from Rural Water Systems in Puerto Rico,” Alternautas 5, no. 2 (2018): 1–105.
  13. José A. Martí, René E. Renta, and Carlos Figueroa Velázquez, “Estudio de Actualización Del Inventario de Sistemas de Acueductos Independientes En Puerto Rico Non PRASA,” Perspectivas En Asuntos Ambientales 3 (2014): 60–69.
  14. Karen L. Massey, “Letter to the Assistant Administrator of the EPA Office of Enforcement and Compliance Assurance,” Environmental Protection Agency-Internal Communication, December (2014): 1–4.
  15. Arce-Nazario, “Resilience and Community Pride.”
  16. Alejandra Rosa and Patricia Mazzei, “Video Reveals Unused Earthquake Aid in Puerto Rico: ‘We Are Outraged,’” The New York Times, January 20, 2020.
  17. Nicole Acevedo, “FEMA Has Either Denied or Not Approved Most Appeals for Housing Aid in Puerto Rico,” NBC Los Angeles, July 18, 2018; Mekela Panditharatne, “FEMA Has Rejected 60 Percent of Assistance Requests in Puerto Rico. Why?,” Slate, June 15, 2018; Andres Viglucci, “They Lost Homes in Hurricane Maria, But Didn’t Have Deeds. FEMA Rejected Their Claims,” Miami Herald, 2018.
  18. Adrian Florido, “Unable To Prove They Own Their Homes, Puerto Ricans Denied FEMA Help,” WABE, March 21, 2018.
  19. Francisco A. Scarano and Katherine J. Curtis White, “A window into the past: Household composition and distribution in Puerto Rico, 1910 and 1920,” Caribbean Studies 35, no. 2 (2007): 115-154.
  20. Giovanni Roberto, “Community Kitchens: An Emerging Movement?” in Aftershocks of Disaster: Puerto Rico Before and After the Storm, eds. Yarimar Bonilla & Marisol LeBrón (Chicago: Haymarket Books, 2019).
  21. Bonilla and LeBrón, Aftershocks of Disaster; Rosa and Mazzei, “Video Reveals Unused Earthquake Aid in Puerto Rico.”
  22. Bonilla and LeBrón, Aftershocks of Disaster.