¿Puede el Green New Deal cambiar el equilibrio de poder en los Apalaches?


¿Puede el Green New Deal cambiar el equilibrio de poder en los Apalaches?

Por Caitlin Myers y Lydia Patton

Volume 23, number 2, People’s Green New Deal

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La minería y las enfermeras

Lo más importante que tenemos aquí es que todo está basado en el carbón. No desprecio el carbón, como dije, estoy agradecido por él, me encanta, y si quieres seguir dedicándote a ello, que te vaya bien. Te apoyaré al 100%. Pero tenemos que encontrar algo más para apoyar nuestra economía. La minería y las enfermeras son las únicas dos cosas que tenemos. Si no buscamos otro tipo de ocupación industrial, algo que no esté basado en el carbón, nuestra economía será destruida. Literalmente no queda nada que hacer. Como dije, o comida rápida, ganando el salario mínimo, la minería o la enfermería. 
David Lee Brett, Jr., entrevistado por Caitlin Myers

Una nueva generación de pensadores progresistas, desde los Demócratas de centro-izquierda hasta los socialistas comprometidos, está proponiendo legislación federal para una transición económica radical que se aleje de los combustibles fósiles: el “Green New Deal” (GND). El GND promete eliminar gradualmente las industrias de combustibles fósiles e introducir alternativas bien remuneradas para los trabajadores de estas industrias. Cualquier proyecto federal que comience como una idea de política, incluso si es promulgado por el Congreso, se encontrará con desafíos en el terreno. Esto es especialmente cierto en lugares como los Apalaches, donde sistemas de poder altamente centralizados y que han estado en funcionamiento durante décadas o incluso siglos, canalizan los recursos para su uso por la clase dirigente existente. Las inyecciones federales de dinero son un hecho periódico en la región central de los Apalaches, ya que este se distribuye o bien a través de programas de creación de empleo e infraestructura como en el New Deal en la década de 1930, o a través de los esfuerzos de ayuda humanitaria de la década de 1960, iniciados bajo la “War on Poverty“.1 Las familias de las élites locales y los sistemas de gobierno arraigados se han adaptado para aprovechar las industrias extractivas. El GND corre el riesgo de fracasar en los Apalaches si el conocimiento local sobre sus gentes y sobre su política no se construye en la concepción y ejecución de un Green New Deal popular.

¿Una Transición Justa o simplemente una transición más?

Dos razones principales han dado fuerza a la minería del carbón en los Apalaches: la mano de obra y la inversión externa. Las “mine wars”2 de las décadas de 1920 y 1930 vieron como los trabajadores locales estaban organizados luchando al fin contra años de opresión. Los sindicatos establecieron su poder a través de acciones como la Batalla de la Montaña Blair y el Harlan Sangriento, pero en la década de 1990, el aumento de la mecanización reemplazó a los trabajadores, y los puestos de trabajo se esfumaron. 

Dado que muchas ciudades y regiones mineras se establecieron en torno a dicha actividad extractiva, los altibajos de la industria contribuyeron a su precaria situación económica. A lo largo de los años, los defensores de políticas de mitigación de la pobreza en los Apalaches desde Washington (DC) han propuesto medidas para aliviar la escasez económica y formar y “elevar” a la población: desde el New Deal original de Franklin Delano Roosevelt y la Guerra Contra la Pobreza de Lyndon B. Johnson, hasta la Comisión Regional de los Apalaches de Obama y ahora el movimiento de “Transición Justa”.

La pobreza en la región proviene en parte de “títulos de forma amplia”, que crearon “dos fincas separadas en un solo terreno al separar horizontalmente la finca mineral de la finca de superficie”.3 Los propietarios despojaron la tierra de su utilidad, la devolvieron devastada a los locales y luego sacaron sus ganancias fuera del estado.4 Una parte de estos beneficios se enviaría de vuelta en forma de programas sociales y de caridad, pero evitando que los pobres se pusieran al cargo de los fondos entregados. Hay poca diferencia práctica para una persona local entre un inversor que compra una mina de carbón y saca el beneficio fuera del estado y una empresa social respaldada por el gobierno para sacar a los locales de la pobreza. En ambos casos, los inversores mantienen el dinero fuera del alcance local, haciéndolo circular por canales de élite inaccesibles para el resto de la gente. 

Muchas iniciativas políticas que pretendían ser progresistas fueron cooptadas por los gobiernos locales. Los gobernadores y alcaldes de los Apalaches protestaron muchas de las reformas progresistas de la “Great Society”, especialmente las que perturbaban el flujo de capital.5 La Gran Sociedad dio lugar a la creación de una entidad llamada la Comisión Regional de los Apalaches (ARC por sus siglas en inglés). Esta entidad proporciona subvenciones para el desarrollo económico de los condados de los Apalaches; subvenciones que han caído una y otra vez en manos de las coaliciones de empresas, organizaciones sin ánimo de lucro, universidades y fundaciones a las que se les permite administrarlas. Los pobres tienen poco que decir sobre el destino de este dinero, y los proyectos de reforma no son necesariamente en interés de los pobres de las zonas rurales.

El modelo de desarrollo de la Comisión Regional de los Apalaches se centra en las áreas urbanas, designándolas como “áreas de crecimiento”. Inicialmente, todas las carreteras financiadas mediante subvenciones del ARC se construyeron deliberadamente para canalizar a los trabajadores rurales hacia las ciudades, en lugar de conectar a la población rural entre sí. Esta estrategia de despoblación desalentó cualquier inversión real en la vitalidad económica de las zonas rurales, dejando a los que se quedaron atrás – los ancianos, los vulnerables, los adictos, los desesperadamente pobres y los que de otra manera no podían trabajar – aún más lejos de la estabilidad.

Para muchos de los que viven entre los yacimientos de carbón de los Apalaches y que trabajan en cuestiones ambientales, el GND es una idea familiar, similar a un marco ideológico llamado “transición justa”: para deshacer el daño causado por la industria de los combustibles fósiles, tenemos que cuidar de sus trabajadores. El origen del concepto de “transición justa” se atribuye, según ciertas historias, al “Superfondo para los trabajadores”, propuesto por los líderes sindicales Tony Mazzocchi y Les Leopold, que “proporcionaría apoyo financiero y una oportunidad de educación superior a los trabajadores desplazados por las políticas de protección del medio ambiente”.6

El movimiento a favor de la “transición justa” es amplio y abarca objetivos potencialmente inconsistentes. Algunos de los miembros del movimiento obrero han hablado en contra de sus tendencias ecologistas radicales y anticapitalistas. Y, sin sindicatos fuertes, aquellos contratados en trabajos creados por proyectos de transición no pueden arriesgarse a cambiar buenos trabajos en el carbón por puestos inestables o a ser contratados por debajo del salario mínimo vital. Rich Trumka, presidente de la AFL-CIO, desestimó la “transición justa” calificándola de “funeral de lujo” y argumentando que, incluso si los puestos de trabajo se hicieran realidad, los trabajadores que por el motivo que fuera optaran por el reciclaje, se quedarían atrás.7 Estos trabajos son difíciles de reemplazar. A pesar de las dificultades de la minería del carbón, muchos mineros ganan un buen salario, muy por encima de la media del estado, y reciben beneficios familiares, aunque estos han disminuido. El trabajo se considera digno y noble. Muchos no quieren encorvarse sobre las computadoras aprendiendo a programar, entrenándose para trabajos que apenas existen. 

Es una percepción popular que las industrias extractivas son la mejor esperanza de una región sin otras opciones. Esa percepción lleva a pasar por alto incluso las alternativas viables. En las zonas rurales de los Apalaches, no siempre es fácil encontrar un plomero, un electricista o un soldador capacitado cuando se necesita. La pequeña agricultura se ha visto muy afectada por “el desarrollo de la tierra, la mecanización […] y el crecimiento de la agroindustria”, pero, en el futuro, el cultivo de alimentos podría ser clave para un GND popular y para la capacidad de la región de mantener a su población.8  

Merece la pena considerar lo que las demandas podrían permitir no sólo la supervivencia, sino la continuidad de la dignidad de estos trabajadores esenciales – ya sea mediante una garantía de empleos federales, un ingreso básico universal, o el acceso a la formación y el aprendizaje sindical. A pesar de las narrativas que reflejan unos Apalaches ignorantes de la realidad política, las tensiones entre el ambientalismo y el trabajo son conocidas y vividas aquí. La falta de alternativas realizadas a escala para los trabajos en la extracción es un problema real. Hay ejemplos concretos de proyectos de transición, como el conjunto solar Black Mesa en la Nación Navajo, pero en los Apalaches no existe nada a esa escala (Coalfield Development es una iniciativa en crecimiento, pero aún no utiliza mano de obra local a la escala de la industria minera9). Si un GND popular resolviera este problema, podría revolucionar la región, pero hay un terreno escarpado que navegar e injusticias históricas que corregir. 

Aunque muchas familias de la región han luchado durante mucho tiempo, las personas más marginadas de los Apalaches son gente de color: negros e indígenas apalaches cuyas tierras y capacidad de trabajo fueron robadas para enriquecer a los colonos blancos, y que han sido desplazados y empobrecidos por las industrias de extracción. Reconocer esto, y avanzar hacia un futuro que sitúe a estas comunidades en el centro del movimiento, no será popular en todas partes pero es lo que se debe hacer. 

Un movimiento lo suficientemente poderoso como para establecer un GND popular debe desafiar el arraigado poder local y estatal, construyendo el poder del pueblo. Pero también debe poner en marcha alternativas sólidas y duraderas: no sólo asignando fondos federales, sino también trabajando con la gente de la región, para asegurarse de que los fondos se invierten adecuadamente y que llegan a las personas a las que se supone que deben ayudar, y que los procesos políticos locales ya no sean capturados por los más poderosos. Sin estos requisitos, los locales continuarán sin confiar en las iniciativas del gobierno, y lo harán por una buena razón.    

Los agentes del poder en los Apalaches

El poder en esta región se mantiene gracias a un entramado fragmentado pero que cubre gran parte de las propiedades de absentistas. En la década de 1980, un estudio sobre las tierras  realizado en la Universidad de Vanderbilt reveló una verdad incómoda: casi el 100% de los derechos mineros de los Apalaches y el 90% de los derechos de superficie en los condados carboneros que se estudiaron eran propiedad de terratenientes absentistas que residían en zonas lejanas, desde Texas, Florida y Nueva York hasta incluso Londres y Beijing.10 Esta razón fundamental de la pobreza en los Apalaches – el hecho de que la riqueza mineral de la zona se vendiera literalmente bajo los pies de sus residentes, y que los mineros del carbón se llevan sólo una fracción infinitesimal de esa riqueza a sus familias – ha sido ignorada por los esfuerzos de lucha contra la pobreza a gran escala, que en el peor de los casos han protegido, y en el mejor de los casos han ignorado, la historia de explotación en la industria del carbón.

Las personas económicamente más marginadas de las cuencas carboneras de los Apalaches, que serían las más beneficiadas por el GND, son las que tienen menos influencia en las asignaciones financieras. El condado de Letcher, bastión del carbón, es ligeramente más rico que el condado medio del este de Kentucky. Su tasa de votación ronda el 20%, la renta per cápita es menor de 20.000 dólares al año, la tasa de pobreza es de aproximadamente un 30% y el porcentaje con estudios universitarios es del 11%.11 A pesar de años de programas contra la pobreza, las estadísticas son desalentadoras: “El ingreso del 1% más rico de los asalariados en Kentucky fue de más de $719.012 en 2015, comparado con un ingreso promedio de casi $39.990 para el resto de los kentuckians“. La desigualdad está creciendo. En Kentucky, un “informe del Instituto de Política Económica muestra que de 2009 a 2015 los ingresos del uno por ciento más rico […] crecieron un 23,2 por ciento mientras que los ingresos de todos los demás sólo crecieron un 7,2 por ciento”.12

Incluso con objetivos supuestamente progresistas, los programas contra la pobreza tienden a consolidar las estructuras de poder local. La mayoría de la gente común no asiste a las reuniones del consejo municipal o del tribunal fiscal, y tampoco solicita ni recibe subvenciones. Por ejemplo, las Tierras de Minas Abandonadas (AML), de la Oficina de Gestión de Tierras (perteneciente al Departamento del Interior de los EE.UU.) se concibieron como dinero de reparación por la destrucción del medio ambiente para complementar la pérdida de ingresos locales a través de un impuesto de cesantía. Aunque se devolvió algo de dinero a los condados de carbón a través de los impuestos sobre el mineral, los impuestos han cesado junto con el suministro de carbón, y la gente que se enriqueció con la industria minera conserva su riqueza y su inmenso poder local. Irónicamente, ahora son los más indicados para solicitar fondos del programa AML. 

La financiación por medio del AML tenía por objeto reducir los daños causados por la filtración de minas abandonadas y la alteración del suelo mediante la rehabilitación ecológica. Pero el imperativo de la creación de empleo a cualquier coste se cuece en el proceso de AML: los políticos locales y de Washington (DC) deben demostrar que han contribuido al desarrollo económico de la región informando de la actividad de las subvenciones. Muchos proyectos pasan por alto el objetivo de la remediación ecológica a favor de los empleos, a menudo precarios, trabajando en proyectos que tienden a fortalecer el poder de las familias ricas en carbón de la región.

En el condado de Letcher, Missy Matthews, descendiente de la familia Childers – que posee una serie de gasolineras Double Kwik, y es presidenta de la compañía Childers Oil -, es prominente en la Junta de Turismo del condado, que, bajo la dirección de Matthews, recibió una subvención AML de 3,5 millones de dólares para iniciar el Thunder Mountain Sport Shooting and Resort Park.13

 

En noviembre de 2008, se filtraron lodos de petróleo de la propiedad de Childers a la Bifurcación Norte del río Kentucky, río arriba de Whitesburg. En febrero de 2009, ocurrió lo mismo con el combustible diésel, “obligando a la planta de agua de la ciudad a cerrar y dejar a miles de residentes sin agua limpia durante días”.14 Childers Oil fue citado por el estado, pero negó haber hecho algo malo. Missy Matthews era entonces vicepresidenta de Childers Oil. Eso la convierte en una elección poco probable para administrar fondos para un gran proyecto de recuperación ambiental. Pero el lugar de Matthews a la cabeza de un proyecto AML tiene sentido si se entiende cómo se hace el trabajo de recuperación ambiental. Para los agentes del poder en los Apalaches, la reparación del daño ecológico infligido por la industria del carbón se sitúa en un tercer lugar a buena distancia de lo que más se valora: el desarrollo económico y la creación de empleo. 

El Green New Deal tendrá que cambiar esta estrategia. Eso requerirá cambiar las estructuras de poder locales y contrarrestar las creencias arraigadas. 

Conclusión

Un GND que realmente cambie las estructuras actuales de poder es vital para la supervivencia de esta región. Un GND popular organiza y responde directamente a los pobres para ganar poder en sus comunidades. Un GND popular mejora la infraestructura vital – no sólo las carreteras, sino también el saneamiento y el agua y la banda ancha pública para todos – sin pedir que el dinero pase primero por manos privadas o ricas. Proporciona servicios de electricidad y agua atendidos por pagadores, e implementa el registro de votantes al 100% de la población elegible. Y lo que es más importante, ofrece un camino hacia una vida digna y financieramente estable para las personas que no quieran, no puedan realizar o trasladarse para cualquier trabajo ecológico disponible. Aquellos que quieren vivir en el lugar que llaman hogar.

La infraestructura ecológica no siempre es liberadora. Imbuidos con una mentalidad capitalista para enriquecer a una empresa en lugar de servir a la gente, hemos visto que este tipo de proyectos resultan en el acaparamiento de tierras y de poder. Si el GND realmente va a cambiar las cosas, el robo de tierras y recursos no puede continuar y debe implementarse a través de un proceso público que reemplace el viejo sistema de apretones de manos de la industria extractiva. No hacerlo nos atará a los flujos dinámicos de capital y la creación de empleos que explotan a los trabajadores, destruyen la tierra y concentran los recursos. En otras palabras: un jefe nuevo pero igual que el anterior.

  1. Ronald Eller, Uneven Ground (The University Press of Kentucky, 2008).
  2. Las “Mine wars” o “coal wars” fueron una series de conflictos laborales armados en Estados Unidos entre los años 1890 y 1930.
  3. Lang, Stephanie M. “Titles Must Be Perfect: The Broad Form Deed, Politics, and Landownership in Eastern Kentucky at the Turn of the Twentieth Century,” Register of the Kentucky Historical Society, vol. 113, no. 1, 2015, 27-57. https://www.researchgate.net/publication/276865244_Titles_Must_Be_Perfect_The_Broad_Form_Deed_Politics_and_Landownership_in_Eastern_Kentucky_at_the_Turn_of_the_Twentieth_Century
  4. Priyanka Srinivasan, “Appalachia’s Fickle Friend,” Jacobin, 2017.
  5. Eller, Uneven Ground, 129.
  6. Labor Network for Sustainability (n.d.), Just Transition – Just What is It? Retrieved from: http://www.labor4sustainability.org/uncategorized/just-transition-just-what-is-it/
  7. Ibid.
  8. Anne Chesky, “Can Agritourism Save the Family Farm in Appalachia?” Journal of Appalachian Studies 15, no. 1/2 (2009).
  9. https://coalfield-development.org/
  10. Appalachian Land Ownership Task Force, Who Owns Appalachia? (University Press of Kentucky, 1983).
  11. Data retrieved: censusreporter.org.
  12. Retrieved: https://www.wvxu.org/post/report-examines-income-inequality-kentucky#stream/0.
  13. Letcher County Tourism Press Release, “Letcher County’s new Thunder Mountain Resort,” Retrieved:

    https://www.1039thebulldog.com/2019/09/07/11400/

    “$3.5 million grant will build sports-gaming resort in Letcher County,” Retrieved:

    https://www.wymt.com/content/news/35-Million-dollar-grant-will-build-sports-gaming-resort-in-Letcher-County–559975121.html

  14. Dori Hjalmarson and Bill Estep, “Don Childers,” Lexington Herald-Leader (April 5, 2009): 

     https://www.kentucky.com/news/state/kentucky/article43995747.html#storylink=cpy. CSNews Online, “Childers Oil Co. Blamed For Polluting Water Source,” April 7, 2009. Retrieved: 

    https://csnews.com/childers-oil-co-blamed-polluting-water-source